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Ellos dicen que estoy estable.
Fallé comiendo, fallé bebiendo, fallé dejando de cortarme. Fallé en la amistad. Fallé siendo hermana e hija. Fallé con los espejos y la pesas y las llamadas telefónicas.
Que bueno que estoy estable.

¿Por qué? ¿Quieres saber por qué?

Pararte frente una cama de bronceado y freírte por uno o dos días. Después de que tu piel burbujee y se caiga, rodar sobre cuarzo, después vestirte con ropa interior hecha de vidrio y navajas. Sobre eso va tu ropa normal siempre y cuando sea ceñida al cuerpo. Fumar pólvora e ir a la escuela para saltar a través de aros, sentarte y rogar para pedir el comando. Escuchar los susurros que entran en tu cabeza durante la noche, llamándote gorda y fea y entupida y perra y prostituta y lo peor de todo “una decepción”. Vomitar y morirse de hambre y cortarse y beber porque no quieres sentir nada de esto. Vomitar y moriste de hambre y cortarse y beber porque necesitas un anestésico y esto funciona. Por un rato. Pero entonces el anestésico se convierte en veneno y para entonces es demasiado tarde porque lo estas asimilando, directamente hasta tu alma. Esta dentro de ti y no puedes detenerlo.

Miras en el espejo y encuentras un fantasma. Escuchas cada latido de tu corazón y gritas diciendo que todo esta mal contigo.